
Plan en pareja: convertir un paseo en una búsqueda del tesoro
Ni el enésimo restaurante ni el museo recorrido en silencio: una investigación para dos por la ciudad, a vuestro ritmo, salpicada de complicidad y pequeños retos.
La trampa de la escapada en pareja es la rutina disfrazada de romanticismo: el restaurante que podríamos habernos montado en casa, el museo que cruzamos sin dirigirnos la palabra. Una búsqueda del tesoro para dos rompe ese mecanismo: os vuelve a poner codo con codo, ante un reto compartido.
Codo con codo, no cara a cara
Un enigma por resolver crea mil pequeñas ocasiones de complicidad: inclinarse sobre el mismo detalle, discutir una respuesta, celebrar un hallazgo. Se habla de otra manera cuando se busca en equipo; es menos frontal que una cena y mucho más cómplice.
A vuestro ritmo, siempre
Sin horarios, sin grupo: salís cuando queréis, paráis a tomar un café en mitad de la trama y retomáis. El relato os espera. La ciudad se convierte en el decorado de un paréntesis que es solo vuestro.
Una historia para llevaros a casa
El mejor recuerdo de una escapada rara vez es la foto de un monumento: es una anécdota. El enigma que os tuvo atascados diez minutos, el pasaje secreto que descubristeis, el desenlace que os pilló por sorpresa. Material para contarlo mucho después de volver.
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